jueves, 10 de octubre de 2013

se llega a un punto en que es preferible pocear el corazón y echar agua






por ejemplo
hablar de ese perro que trabajó 25 años en una prisión de eternidad
de cómo flotaba su ataúd una Venecia del infierno
y  sin piedad
(la tuve antes
corriendo sus mantas por la nieve
cuando todos casi todos
cantaban junto al fuego)

a quién le importa
lo llamaba en el alba
le escribía cartas

perdón
se que para cualquiera es difícil
cortarse un brazo
alzar el mundo

detrás de la tristeza
nace la espada
nace el oro

ya fui detrás

así que…
el perro contemplaba
los altos rostros
mordía su mendigo

si dijera
hablaré de mi vida
entre coronas manchadas
no usaría esta fábula
la piedra entre dientes no
comenzaría así :

en montañas de error hice una casa grande
gritaban duendes
las ratas disertaban
el Señor dormía

levanté el telón cada mañana
cosía perlas
y ,etc.

se llega un punto no tanto de
la experiencia del universo
sino más bien de la necesaria respiración o la garganta oscura
en donde es preferible
ser necesario
indivisible
extraño

haya o no haya
con qué.


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