martes, 20 de septiembre de 2016

siempre quiero leer otro poema de Pancho Muñoz



siempre quiero leer otro poema de Pancho Muñoz

recuerdo el desprecio con que Diana Bellessi y Daniel Freidemberg
se refirieron a él y a su poesía
una nochecita de Buenos Aires en los ‘80

hace treinta años más o menos que tengo una carpeta click clack de color negro
en la contratapa pegué un poema de Pancho Muñoz
y lo releo releo
en la otra contratapa hay un poema de Borges sobre la patria

sé que no estoy solo y sus palabras conducen al alba (1)

hace algunos años en Río Cuarto
le dije a Diana Bellessi que
donde ella estaba
surgía la oscuridad
oh Esfinge rodeada de cervatillos!

pero sí
siempre quiero leer a Pancho Muñoz

y a esta gente
y a tanta gente
no le encuentro qué

cuando uno encuentra una palabra desprendida del señor/ la señora
esa palabra QUIERE
no le quites la voz
porque esa palabra quiere siempre sola

cuando Daniel Freidemberg  confesó en La Guacha (2)
que se dedicaba a míseras operaciones en Diario de Poesía (3)
me emocionó no tanto su poca inteligencia

sino su hipocresía profesional

mucho que no debe decirse
y hay un poco que
aunque mal
se dice
como si nos corriera el diablo por el campito

siempre quiero leer un poema de Pancho Muñoz.


(1)   paráfrasis de un poema de Muñoz
(2)   y (3) revistas de poesía de Buenos Aires






jueves, 15 de septiembre de 2016

FRENTE AL POTOMAC (en las prisiones federales)



cantemos a las llanuras del sur
a los cabellos níveos de la oveja en los sacrificios
oh Abraham!

días donde la tarde es un sótano

el destino manifiesto en los dientes
en las maestras sarmientinas

Víctor Saldaño reescribe la noveleta de América
eso que tocan no es hombre ni espectro

el humor de la ausencia

las lúbricas hilera de sakura te engalanan

ha pasado la moda de los suspiros

el búho del capitolio todo lo ve

siempre es nocturna la sangre de los puros

abrázame yo fui Walt Whitman

puto el que lee  esto (se leía en sitios públicos...
antes...)

a fuerza de aburrimiento nos volvimos complejos
demandantes
lo saben en los mercados

los zodiacos de Washington no son el neceser del diablo sino la
estupidez profética

respétame yo tejí el silicio de Emily Dickinson

cada vez que escucho la palabra Kultur
rompo un espejo

en las prisiones federales frente al Potomac
compran pasaje los turistas;


de Una sombra llena de perros (prólogo)




sábado, 3 de septiembre de 2016

ES BUSCANDO LO POSIBLE QUE UNO MUERE



en el planeta de los simios o la guerra zombie
Se dice buenas tardes muchas gracias
O
A cierta temperatura
Estoy sacando esta piedra del corazón

De todas las voces
Algunas llevan y muchísimas no

He pensado mucho en las palabras
Y no han podido contra mí

Cuando la lógica triunfa
Se levantan  palcos
despiertan  su cárcel  los amantes

dicen
Es la primera vez
La última

Perdón?
Hace bastante que el cielo retira su escalera

Uno a uno los amigos yacen con los muertos

Leo muy buenas redacciones
Pocas son
Farmacia o  recetario

Para merecer el repudio
Dos trampas deben evitarse
El azar y la luz

Observá bien qué
 no quién

Dale poca sangre a quien resiste
en un salón de espejos o en la pampa brava

Es buscando lo posible que uno muere.


del libro A propósito de Nietzsche- Poemas insulares - (2011)







miércoles, 31 de agosto de 2016

CALOR





el lobo que soltó tu corazón
tembló al sacudir sus pelos de la nieve

no te guíes por temor o venganza
no aprietes su garganta

seguramente necesitó calor

descansar
en los hondones de la pena



de Otros Rayos - Ediciones Borde Perdido - Córdoba - 2016

jueves, 25 de agosto de 2016

VACHEL LINDSAY



Vachel Lindsay se dedicó a predicar la belleza vivía de la venta de un libro titulado Versos para ser cambiados por pan

Junto a Sandburg y Lee Masters renovó la poesía norteamericana.

 A los 52 se suicidó bebiendo una botella de desinfectante.

apresúrate a encender las lámparas





tienen alguien horrible con quien hablar
los días son largos como arañas
las noches quietísimas

apresúrate a encender las lámparas

encuentran alguno que lo presta todo
lo escuchan
canta la usura  del corazón

los frutos de la bondad
ocupan la mesa al ángel
y se devoran

advierte
estás solo pero mal acompañado

no basta el sueño
el Himalaya

un día habrá que devolverlo todo

ningún fantasma sonríe ante la carne

y cada beso
cada reproche de luz o de sentido
recorre
pasillos de otro olvido.





lunes, 22 de agosto de 2016

PONELE



No sé presentar libros. Hablar en público acerca de las virtudes de un libro, de un autor, es una cosa que me aterra. Estoy sentado junto a Alejandro Schmidt a pedido de Carlos Ferreyra, editor de Recovecos y eso me hace sentir muy halagado. Recovecos es una editorial que en los últimos años ha jugado un rol fundamental en la difusión de la literatura, y felizmente la obra de Alejandro Schmidt se asocia naturalmente a su catálogo desde hace un tiempo.



Si alguien desea leer un estudio sobre la poesía de Schmidt, les recomiendo el contundente y revelador prólogo de la última edición de Serie americana, a cargo de Carlos Schilling.



Muy lejos me encuentro de esa capacidad analítica, pero tengo, sin embargo, algunos recuerdos y nociones con los que podría esbozar una presentación.



Mi primer contacto con Alejandro Schmidt fue un intercambio agresivo por correo electrónico. El diario La voz había publicado una nota acerca de la editorial La creciente, en donde explicábamos nuestra línea de trabajo, a la vez que editábamos uno de nuestros primeros libros. Alejandro, en un mail extenso, plagado de ironía política, cuestionó todos los preceptos de la editorial. Se lo respondí como pude, tratando de hacer funcionar los pocos datos que tenía sobre él a modo de contraofensiva kamikaze. Él pegó mucho mejor, aunque técnicamente saqué un empate inmerecido. Un par de años después, en un encuentro de poesía una persona con campera de jean hojeaba cada uno de los libros de nuestro stand con atención y avidez. De pronto se acercó y me dijo “Soy Schmidt, como te va”. Me lo había imaginado mucho más gordo, por las pocas fotos que había visto en un par de contratapas y en un reportaje en el diario, y no lo habría reconocido.



Luego, el tiempo, las actividades, hizo que nos crucemos en varias ocasiones.



Lo escuché pelearse con una señora del público en una lectura, lo vi levantarse de una mesa acusando de negociar la poesía a una gran figura de la literatura, lo vi viajar en un colectivo tres horas para leer ante quince personas sin pedir nada a cambio, intercambiar mails con gente que está comenzando a escribir, intercambiar libros, y difundir, siempre difundir, cualquier poema que le resulte interesante, sin preocuparse por cual es su origen y su destino.



Los anecdotarios me resultan apenas soportables en los asados y en los homenajes. Este no es un homenaje. Para Schmidt, un homenaje sería una condena.



Alejandro no asistiría si le rinden un homenaje. “No creo en los Beatles” decía el Lennon del ’70, y algo de eso puede respirarse en el discurso tracción a sangre de este poeta, que desde lo prolífico nos da señales muy claras de que en el arremangarse está la clave.



Schmidt parece decir: “no creo en Schmidt, creo en sus poemas”.






Una falsa disyuntiva ha intentado crearse entre la mal llamada poesía de los ’90 y otra poesía, menos vital, más tradicional y lírica, si se quiere, con predominio en el interior del país. Falsa en el esfuerzo por tratar de instalar esa posibilidad como si se tratara de una nueva opción binaria de las que este paìs ya nos tiene acostumbrados, pero mucho más falsa a partir de figuras como la de Alejandro, que no parte de ninguna de esas experiencias o premisas y que convive y opera con su lenguaje y sus poemas, con esas y otras posibles corrientes.



Schmidt no viene ni de Escudero, ni de Bustriazo ni de Juanele, no viene de Gelman, ni de Lamborghini, ni de Perlongher. No viene de Pizarnik ni de Carrera. Schmidt va hacia ellos, y, diría más, va por ellos.



¿Hace cuántos años que escribe? ¿Cuántos años le quedan? “la juventud es el oro de los tontos” dice, y  todas las mañanas se levanta con la misma edad, y la misma curiosidad por saber que nuevo poema se ha escrito para traerle belleza y preguntas al mundo.



Conozco gente que le teme, y ese es un dato positivo, le temen a la palabra de un poeta, que más se puede pedir.






Con todo esto que dije anteriormente, y para terminar, pensé en dos decálogos que comparto con ustedes:






Uno: ¿Por qué hay gente que mantiene distancia con Alejandro Schmidt?



Porque el personaje no se comió al poeta.



Porque los poetas más jóvenes lo leen con entusiasmo.



Porque dice que sí a todo lo que el progresismo canónico dice que no.



Porque dice que no le debe nada ni a Córdoba ni a Buenos Aires.



Porque cada vez que lo ves te puede poner en una situación incómoda.



Porque su agudeza no viene de la academia.



Porque no viene a pedirte nada.



Porque cuesta definir su línea estética dentro de la poesía actual.



Porque no necesita leer la Ñ para saber que su vecino escribe buenos poemas.



Porque no ha hecho nada más que trabajar para ocupar el lugar en el que se encuentra.




Y dos: ¿Por qué admiro a Alejandro Schmidt?



Porque el personaje no se comió al poeta.



Porque los poetas más jóvenes lo leen con entusiasmo.



Porque dice que sí a todo lo que el progresismo canónico dice que no.



Y así sucesivamente.



Muchas gracias.


Alejo Carbonell, a propósito de la presentación de los libros Videla y 60 poemas breves - Casona Municipal - Córdoba - Hace algunos años.